Escribe Gustavo Lambruschini

 

La emancipación del hombre será total o no será.[1]

Grafiti

Si Dios existiera, habría que suprimirlo.[2]

Grafiti

  • 1 Un balance dialéctico. Como de las Revoluciones de 1789, 1830,[3] 1848 y 1871, se podrá decir que también fracasó la Revolución de Mayo del 68,[4] o más precisamente, que fracasó en alcanzar todos los fines que borrosamente se propuso. Así como hay enemigos de la Revolución de 1789 y aun de la de 1776 (v. g., los católicos, los fascistas, los conservadores, etc.), es mucho más comprensible (por esa de 1917), que haya quienes todavía hoy combatan contra el entusiasmo y el espíritu libertarios del Mayo francés, no sólo por derecha sino curiosamente también por “izquierda”. De ésta como de aquellas Revoluciones, siempre se podrá evaluar qué conquistas les fueron arrebatadas como “logro para siempre” de la Libertad a los enterradores y a los oscurantistas por la lucha y la obra de los combatientes de la liberación, i. e., por los que luchaban “con la espada, la pluma y la palabra” y por los que debatían, polemizaban y peleaban en barrios y barricadas (las barricadas cierran las calles, pero abren el camino). Se podrán rastrear también las singularidades históricas del movimiento revolucionario, v. g., la específica naturaleza de su derrota, el “espontaneísmo”, la carencia de una organización de vanguardia o el repetido escándalo de que el Partido Comunista (sic) y que el futuro Partido Socialista (sic) se contaran entre los enemigos de los “izquierdistas”, y fueran conspicuos miembros del Ancien Régime y los más eficaces protagonistas de entre los sepultureros de la Revolución. Los resultados de los balances con seguridad serían dialécticos. Sin embargo, como intentaremos aquí, se podrá -sobre todo- determinar el espíritu revolucionario y el entusiasmo revolucionario que provocaron,[5] y que lejos del fracaso son “logros para siempre”, un triunfo evidente desde el punto de vista cultural y espiritual, y ciertamente imperecedero en la Historia de la Libertad-consciente-de-sí; en síntesis: sin duda sus gloriosas victorias fueron una de las más importantes y más duraderas en el así llamado “corto siglo XX” (Hobsbawm).[6]
  • 2 Elementos políticos y culturales. El acontecimiento[7] de la abortada Revolución del 68, que incluyó a la mayor huelga general revolucionaria de la Historia (de casi 10 millones de trabajadores),[8] es inexplicable e incomprensible sin hacer una referencia de más amplios contornos, concretamente, al acontecimiento planetario y al espíritu de la época (un espíritu revolucionario de una época revolucionaria) y a sus condiciones históricas y su contexto general, i. e., sin nombrar algunos sucesos emblemáticos de la Historia política y de la cultura, que correctamente evaluados como legados, aún son nuestros contemporáneos (en el sentido de unzeitig).[9] Mayo se halla incluido en esa totalidad histórica. A saber: la guerra antiimperialista de Argelia (Fanon), las primeras derrotas militares del imperialismo en Vietnam (Ofensiva del Têt), la voluntad moral y política de crear dos, tres…, muchos Vietnam, la generalizada decisión de luchar a muerte por la Libertad y la Revolución, el repudio al stalinismo y su singular despotismo (v. g., Primavera en Praga), el rechazo a todas las guerras genocidas imperialistas, la politización radical y la desobediencia civil planetaria de los movimientos antisistémicos de liberación estudiantil y juvenil, la consciencia de la necesidad de una Revolución cultural, la recusación a la institución obsoleta de la familia y de la moral sexual burguesa, el al amor y el no a la guerra, la matanza genocida de My Lai, la quema de los bonsos, el repudio al racismo y a los asesinatos racistas de Malcom X, Luther King y Robert Kennedy, la emulación del Che y de Mao etc., la Revolución cubana, el Marx humanista y revolucionario, el Sartre de los Condenados de la Tierra, el Tribunal de Russel-Sartre, el Marcuse de Eros y Civilización y del Hombre Unidimensional, el Wilhelm Reich de La Revolución Sexual y, sobre todo, El Segundo Sexo de Simone de Beauvoir: hasta en la semi-fascista Argentina se hablaba de “Revolución” y de “Liberación nacional y social”…
  • 3 Los activistas revolucionarios: obreros y estudiantes. Es comprensible que el movimiento obrero (aun “aburguesado” y “americanizado”) luche contra la expoliación del capitalismo, y la injusticia y la opresión del Estado de clase, v. g., la policía y sus mandantes. Pero, como en otras partes del mundo, resultó inesperado y una auténtica novedad, que quienes se preparaban para volverse los mandarines del orden establecido, i. e., el estudiantado, se rebelaran no sólo contra el capital y el Estado, sino también contra la religión, la familia, la moral sexual burguesa, las humillaciones misóginas y homofóbicas del machismo, el orden jerárquico de las universidades y las escuelas, el maltrato a los jóvenes y niños, los tormentos y las torturas generalizados, los crímenes internacionales de la guerra y la policía y la prepotencia del poder (Macht) en general, etc. No era que los estudiantes y el movimiento estudiantil (la tradicional vanguardia social de la Ilustración) fueran inmediatamente los perjudicados principales y directos del régimen social y político imperante, sino los que motivados por valores post-materiales, tenían plena consciencia de la mierda de la “sociedad unidimensional” que meramente existía, y de la mierda de vida que este orden prometía (no pierdas la vida ganándola, no queremos un mundo donde la certeza de no morir de hambre viene contra el riesgo de morir de aburrimiento); así pues, pelearon contra el humillante totalitarismo del “mundo unidimensional”.

Fue así que la lucha de clases explícita sumó un nuevo y original protagonista que pronto se mostró aguerrido. La celebérrima consigna revolucionaria (prohibido prohibir, la Libertad comienza con esta prohibición), proclamada por los jóvenes y los estudiantes, es declarada no sólo como la negación y la contradicción dialéctica de los mandatos de la sociedad burguesa y del Estado de clase, sino contra todo status en general: el de todas las “autoridades”, el de la religión y clero, el del patriarcado y la familia, el de los “maestros y profesores” (v. g., en Nanterre se prescribe: viole a su alma mater). La sociedad civil revolucionada juvenilmente recusa a todos los de arriba, no permite ya más ningún paternalismo ni ningún despotismo espiritual que la humille en una naturalizada “minoría de edad” (Miderjährigkeit): reclama la absoluta liberación de “la civilización y la cultura” (i. e., el principio de realidad) que reprimen con crueldad a Eros, la liberación del pensamiento, de la palabra, de la expresión del sujeto, de la impostura de los maîtres à penser y de la universitas magistrorum (≠ universitas scholarium), etc.

Con especificidades inéditas en los anteriores programas revolucionarios, los estudiantes encendieron la mecha de una bomba que pretendía hacer estallar en un todo esa sociedad y ese Estado pestilentemente putrefactos. El proletariado francés, fortalecido por el crecimiento económico circunstancial de la postguerra, también se encendió, protagonizando la mayor huelga general revolucionaria de la Historia. Es esto lo que la rememoración burguesa del 68 no quiere que sea destacado. Así, la “cosa” se puso seria: una cosa son los estudiantes que carecen de poder de veto, y una muy otra, el proletariado que sí lo tiene. El 20 de mayo se calcula que 10 millones estaban en plena rebelión y en las calles: ¿era la insurrección revolucionaria?

  • 4 Los enemigos de la Revolución y su derrota. Contra dicha rebelión y sobre todo contra la posible Revolución, para defender y aun restaurar el orden social amenazado, se congregó, encabezada por los gaullistas, la “santa jauría” de los “tradicionalistas”, los católicos, los fascistas, los conservadores, los liberales aterrorizados, la dirigencia sindical de la CGT y hasta los “comunistas” y los “socialistas” traidores. Como ha sido su eterna tradición, la policía y el ejército (ultima ratio de la sociedad de clases), aunque también en crisis y con dudas de reprimir y hasta negándose a colaborar, velaban las armas. La dosificación homeopática de la represión fue fríamente calculada y administrada con éxito. En definitiva: los que rescataron de la encrucijada al capitalismo francés y al Estado de clases, empero, no fueron el ejército y la policía, sino decisivamente los (futuros) “socialistas”, los estalinistas y la burocracia sindical, que luego pagarían su traición con un costo político electoral inmenso.
  • 5 La especificidad de sus triunfos. Pero es necesario constatar no sólo la derrota de la Revolución antiburguesa, ni el hecho de que no fueran socializados los medios de producción, ni de que no se debilitara definitivamente el Estado de clase (al poco tiempo empero cayó el gobierno de Gaulle). También es necesario registrar las conquistas y los “logros para siempre” para la Historia de la Libertad-consciente-de-si. En un eficaz y bello giro retórico para constatar un verdadero hecho, i. e., un hecho auténtico, se ha dicho que así como los revolucionarios de 1789 tomaron la Bastilla, los del 68 “tomaron la palabra” (Michel de Certeau). El registro de este hecho es particularmente pertinente en orden a dichos logros históricos. En efecto, hay que destacar este elemento claramente democratizador: una característica esencial del régimen democrático (de la democracia directa) es la parresía y la isegoría, i. e., el uso desinhibido e igualitario de la palabra; por el contrario, una característica de la oligarquía, el régimen político de unos pocos, es que la palabra es un privilegio: Odiseo acalla a Tersites. Es necesario también, sin embargo, determinar la específica naturaleza de la liberación de la palabra antes cautiva, pues podría ser que no fuera ninguna novedad, dado que todas las Revoluciones han venido acompañadas con el triunfo semiótico de un léxico en la Kulturkampf. La novedad empero reside en la inédita liberación del sujeto estético-expresivo: “la multitud se volvió poética”. Dígaselo intuitivamente: cuanto más hago el amor, más ganas tengo de hacer la Revolución; cuanto más hago la Revolución, más ganas tengo de hacer el amor y también ¡Viva la comunicación! ¡Abajo la telecomunicación! y también amaos los unos encima de los otros. Con escándalo religioso, la palabra que habría sido de alguna manera liberada, fue ésta, la que habilitó argumentativamente (Cf. W. Reich y H. Marcuse), la así llamada “revolución sexual”, la liberación femenina y en general la desinhibida espontaneidad del sujeto estético expresivo.

Las Revoluciones anteriores se auto-comprendían y se proponían como la “realización de la Razón” y como la positivización legal del Derecho Natural Racional; incluso la que Marx programa, la de la “crítica de las armas”, sería el resultado de la “actividad crítico-practica (die kritische praktische Tätigkeit)”, esa que fuera precedida y acompañada por la “armas de la Crítica”, i. e., de la Filosofía.

Si bien el romántico Marx nos había advertido que no sólo el cerebro, sino también el corazón, eran órganos de la Filosofía y de la Revolución, fue novedoso, empero, que el sujeto estético-expresivo pudiera declarar como parte componente de la Revolución en general, la imaginación al poder o que la Revolución en el sujeto se planteara la realización de los sueños, de esos sueños de los que nos habían hablado antes los surrealistas, por así decirlo, de forma “psicobolche”. Para comprender el fenómeno inédito habría que recordar que Marcuse sostiene que sólo en el Arte (i. e., el Mundo de la Libertad por encima de cualquier otro mundo libre) el sujeto expresa su verdad íntima y radical, dado que la verdad subversiva (alétheia) de la obra del Arte se expresa en la trans-formación que ésta opera en la “realidad” (Realität, faules Dasein ≠ Wirklichkeit) convirtiéndola en falsa e inmoral apariencia…

En fin, se repite con razón insistentemente, que si de algo tiene que enorgullecerse el s. XX, es de la Liberación de las mujeres como mujeres, i. e., de la mitad de la humanidad. En oposición al patriarcado, muchos de los varones que fueran jóvenes en la segunda mitad del siglo pasado (v. g., en el 68) y que hoy peinan canas, pueden contar en primera persona del singular y autobiográficamente, en qué consistió esa liberación femenina y cómo han sido las vidas de las abuelas, madres, esposas e hijas…, v. g., la virginidad ha dejado de ser una exigencia femenina… Así pues, el éxtasis del sujeto expresivo colaboró con la praxis moral y política revolucionarias.

A pesar de sus logros parciales y a pesar de su específica “dialéctica” y a pesar también del riesgo de la “sublimación represiva” (Marcuse), después de la liberación de los impulsos eróticos reprimidos del sujeto estético, la reivindicación del “amor libre” y de la así llamada “revolución sexual” (contra el sexo heterosexual, matrimonial y reproductivo), la vida y la Libertad de las mujeres -con escándalo del clero- nunca más fueron las mismas que cuando estaban confinadas en la servidumbre doméstica y en la familia; tampoco las de los varones.

Otoño 2018

[1] “Hombre” es concepto de un “colectivo singular”. Aquí habría que interpretar que dicha emancipación no se reduce al sujeto práctico y teórico, sino que incluye también al sujeto estético expresivo.

[2] Aquí Dios es también todos los que ocupan su lugar en las relaciones paradigmáticas, i. e., el lugar de Dios. La consigna revolucionaria no replica sólo a Voltaire, sino reivindica al Nietzsche del sujeto estético expresivo. Es necesario llevar en sí mismo un caos para poner en el mundo una estrella danzante (Nietzche). Otra consigna expresa programáticamente: descristianicemos la Sorbona.

[3] Trois Glorieuses.

[4] Hay quienes se niegan a llamar Revolución a Mayo del 68.

[5] Cf. Kant El Conflicto de las Facultades.

[6] Resulta aquí un supuesto no fundamentado la questio disputanda de qué es una Revolución.

[7] Cf. El Ereignis de Heidegger.

[8] Compárese, de ser posible, con la celebérrima huelga de mayo de 1886.

[9] Eduardo Grünner habla de un simbólico triángulo cuyos lados serían París, Praga y Tlatelolco.