La destrucción del capital patrimonial que distinguió a Paraná entre las ciudades argentinas es una de las consecuencias irreparables de la desenfrenada carrera por la renta fácil y segura. La piqueta que convierte en baldío las viviendas históricas no tiene contemplaciones, y la declaración de protección de 229 fachadas se convierte en letra sin sentido.

Ya en 2007 había medio centenar de edificios en un concentrado espacio urbano. Por entonces, sólo en el centro paranaense la población había crecido un 40% en los últimos cuatro años. Se indicaba entonces que la ciudad había sumado 791.212 metros cuadrados de nuevas construcciones y se habían liberado 3.644 permisos para edificar. Algunas de estas postales de la ciudad, hablan de ello.